Las cosas entre Ashley y Enrique fueron avanzando a pasos agigantados. El hombre, quien siempre se mostraba atento y preocupado por la mujer, se ofrecía día a día a llevarla hasta su casa.
En un principio, Ashley había mostrado un poco de renuencia al respecto, ya que la idea de ser una molestia no le gustaba para nada. Pero poco a poco, Enrique había sabido derribar todas sus defensas.
—Gracias—murmuró Ashley, a punto de abrir la puerta del auto.
En ese día, como en muchos otros, Enrique la