—Vendré mañana con un poco más de calma. Y te juro que jugaremos todo lo que quieras—fueron las palabras de despedida de Angelo para con su hijo.
—No, papá. No te vayas—insistió el niño con sus ojitos brillando de inocencia.
Ciertamente, para Arnold no existía ningún problema con el hecho de que su padre se quedará. ¿Qué podría pasar de malo? Sin embargo, lo que no sabía el niño, era que era su madre quien no deseaba que su exmarido se quedará en su departamento un segundo más. La razón era sen