—¡Esa está aquí!—pronunció la mujer entrando bruscamente a la oficina de su hijo.
El hombre, quien yacía detrás del escritorio, le lanzó una ardua mirada a su madre, la cual parecía echar chispas por los ojos.
—¿A quién te refieres, madre?—preguntó aparentando desconocer de lo que hablaba. Aunque, en realidad, sabía muy bien a quién se refería.
Débora bufó, sabía muy bien que su hijo estaba al tanto, de hecho, empezaba a comprender su insistencia para que se abrieran al mercado suizo, segura