Con cada segundo que pasaba, mi mente surgía con mis preguntas, pero todo se convirtió en un gemido satisfactorio cuando mi espalda entró en contacto con un cuerpo de agua fría pero cálida.
Era la temperatura perfecta, aunque no se la podría describir como tibia.
—¿Dónde está este lugar? —pregunté, relajándome en el perfecto y reconfortante abrazo del agua mientras miraba el techo de esta cabaña más grande.
La capa de niebla que cubría mi vista comenzaba a desaparecer con cada segundo que pa