Suspiro hondo sacudiendo la cabeza, porque esa es su forma de defender sus ideas, acusando a los demás.
―¡Puedes parar! ―exclamo, agarrando los manubrios con fuerza y apoyando los pies en el suelo para no caernos―. Y para que te quede claro, estoy saliendo con él.
Aunque no es del todo verdad, quizás podría llegar a hacerlo, ¡que diantres!
―Debe ser un chiste.
―Tanto como que tú quieres dejar de esforzarte para ganar todo fácil.
―¡Eso no es cierto!
―Entonces no dejes de estudiar ―respondo y pon