Anna dice cada cosa alocada que se le ocurre, y tampoco sería capaz de hacer eso. La puerta se abre y es mamá, quien nos mira a ambas con cautela.
―Emma, ya vinieron a recogerte ―avisa―. ¿De qué tanto hablan?
Su expresión se agudiza sobre nosotras.
―De como Emma pasó de ser Cenicienta a una princesa ―se mofa Anna.
―¡Ay cállate! ―le reprendo y mamá sonríe negando con su cabeza.
―Tu hermana siempre ha sido una princesa, deja de molestarla ―dice sonriéndome.
―Y yo, ¿también lo soy? ―expone Anna po