Olivia
El sonido de la puerta de nuestra ala resonó al abrirse en todo el piso, como un eco de mis propios latidos. Enzo, con su sonrisa linda y cálida y la mirada que siempre me traía un alivio, había regresado justo a tiempo.
Después de esos días en los que su ausencia hacía un peso en mi pecho, el abrazo que compartimos me hizo olvidar, aunque solo por unos momentos, las sombras que se cernían sobre nosotros.
Me hicieron olvidar la molestia que pasé cuando no tomaban en cuenta mi liderazgo