Olivia
Pasaron cuarenta y ocho horas para que Enzo por fin decidiera la ida hacia nuestro hogar.
No mentiré, estaba harta de estar postrada en una cama sin poder valerme por mi misma, pero lo entendía porque todo estaba bien si eso me daba fe de que mi bebé se mantuviera sano dentro de mi vientre.
El médico, quién se portó como todo un caballero conmigo, me dió unas recomendaciones vitales para el vuelo, pero más que todo me ordenó estar tranquila y sin agitarme para asegurar la vida de mi bebé