Mundo ficciónIniciar sesiónEnzo
–Señor, tengo a la madrastra de la señora en la línea telefónica que le asignamos.Red entró a mi despacho, con el teléfono desechable que había designado solo para las llamadas de Amanda.–¿Te dijo qué quería? –pregunté con la vista fija en la montaña de papeles que tenia en la mesa del despacho de mi casa en Roma, ya que aquí nos quedaríamos hasta que Ezio tuviera al menos dos meses y poder trasladarnos a la fortaleza.Odiaba dejar a mi mujer y a mi






