Jona se acercó a mí, me miró y me dio un par de golpes en la espalda. Yo lo miré y sonreí un poco; estos días había estado algo distraído. Ana me llamó y, gritando, me contó que Kat se le había metido por los ojos a Carlo, que no le importó que él tuviera una familia, y que yo estaba loco si seguía con ella. Mi padre también me llamó para exigirme que la dejara.
— ¿Pasa algo? — me preguntó Jona.
Yo lo miré y le sonreí un poco.
— Problemas que no faltan — le contesté.
Jona me quedó mirando; él m