Narrado por Caleb Blackwood
Los gritos son capaces de lastimar los oídos de cualquiera que tenga problemas auditivos. La fuerza con la que Stewart intenta aferrarse al rifle, y no lo suelta, es animal. También el disparo al techo había logrado tumbar algunos cristales del candelabro sobre el comedor.
—¡ABRAN LA MALDITA PUERTA YA! ¡SÉ QUÉ ESTÁN AFUERA! ¡PETER! ¡MIKE! — exclama Rhea golpeando la puerta con desespero.
Esa no abre, porque habíamos caído en la última muestra de locura de mi padre. T