Algunas veces el cómo nos acercamos a los otros, es una sorpresa. Pero es lo que parece ha pasado entre Kate y yo. Este abrazo a durado más de lo que a ella le gustaría porque es la que lo rompe. Se separa de mí avergonzada y limpiándose la cara de las lágrimas.
—Lo siento, debes tener tus propios problemas y yo estoy reteniéndote por no saber controlar mis emociones — comenta contrariada — ¿No es un poco ridículo?
—No es ridículo sentirse agobiada. Tampoco es que existan palabras mágicas para