Si esperaba que, al llegar a mi casa, me estuviese recibiendo Eva de brazos abiertos, estaba enferma de falsas expectativas. En lo que entro, hay a todo volumen música ambiental seductora, a pesar de ser las 10:00 AM, así como rastros de que aquí hubo una fiesta colosal.
Copas vacías encima de nuestro piano, botanas a medio comer en las mesas y botellas de licor por doquier. Lo que más me desconcierta, es el hombre que está intentando meter en un morral uno de los pocos cuadros de valor que que