Lo impredecible y fuerte físicamente que es Caleb, no sólo lo convierte en un hombre peligroso e incontrolable, sino que yo tengo la desgracia de haber entrado en su radar. “Mi esposo” se había dedicado por los últimos veinte minutos en partirle la madre a mis dos secuestradores, la mayoría de los golpes habían sido a puño limpio.
—¡Te diremos quién nos contrató! — clama uno de ellos rendido.
No querían guardar más silencio. Caleb le sonríe, como si no le hubiese hecho escupir dos dientes.
—Es