143. ¡Me opongo! ¡Me opongo! ¡Me opongo !
—¡Michael! ¡Michael! —gritaba Sophie desesperada, golpeando la puerta con todas sus fuerzas, como si sus palabras pudieran traspasarla y llegar a él, deteniendo lo que estaba por suceder.
En el fondo, Sophie sabía que aquello era una esperanza vana. Los jardines estaban demasiado lejos de la entrada como para que sus simples gritos pudieran llegar hasta allí, pero la desesperación la impulsaba a intentarlo.
—Señorita, cálmese —le dijo uno de los guardias, tratando de mantener la compostura, aun