115. ¿Crees que hicimos esos bebés sin tocarnos?
James esperaba impaciente la llegada de su falsa esposa, Aurora. Se paseaba de un lado a otro, revisando su reloj constantemente. La hora acordada para salir había pasado hacía diez minutos, y su paciencia se agotaba.
De pronto, un suave aroma a perfume de mujer llegó a sus fosas nasales, y una sonrisa victoriosa se dibujó en su rostro. Alzó la vista y vio a Aurora descender las escaleras con elegancia, radiante en un vestido rojo que resaltaba su figura.
—Estás deslumbrante —comentó James, of