Ella iría a él.
Dante estaba sentado en el banco de concreto, con los codos apoyados sobre sus piernas y la cabeza gacha.
Lara iría a él. Respiró hondo.
El corazón le latía desbocado de felicidad.
Ella iría a él.
Fijo la vista en las vías del tren, veteadas por el óxido.
Su interior era una mezcolanza de cosas que se revolvían y hacían que su piel vibrara.
No ver a Lara lo ponía nervioso, así que estaba ansioso porque ese tren llegara.
Pero para ese momento, tenía que resolver algunas cosas.
Lara iría a él y