Lara, Luz y los mellizos se recostaron en sus asientos a esperar que el tren retomara su marcha.
Con el complejo de pobreza arraigado en su interior, aunque compró una docena de pastelitos, los fraccionó para que los niños comieran un par durante los diez minutos que duraba esa parada y que otro tanto quedara para más tarde.
La gente poco a poco fue retomando sus lugares en el tren y mientras pasaban por el lado de Lara, las hermanas podían escuchar restos de sus conversaciones.
No eran de esti