Lara, empeñada en conseguir un poco de paz y tranquilidad, de pronto tenía más ruido en la cabeza que cuando el personal de Dante se la pasaba cuchicheando detrás de ella en cada rincón de la casona.
- Tu jefe dijo que podíamos bajar a la piscina, así que traje a los mellizos para que se refresquen un poco.
- Gracias Luz – miró a su hermana con dulzura maternal.
- No es únicamente tu jefe, ¿No? – le preguntó pasándole un mate.
- ¿Por qué preguntas? – trató de disimular, avergonzada.
Lara hizo