54. Narra Maverick
El sonido seco del pestillo al cerrarse dejó tras de sí un vacío tan espeso que parecía cortar la respiración. Me quedé inmóvil junto al ventanal del segundo penthouse, con el eco de las palabras de Anastasia rebotando en las paredes de cristal. Se había marchado, llevándose consigo la única chispa de verdad que había intentado encender en medio de mi propia podredumbre.
Me pasé las manos por el rostro, sintiendo el cansancio acumulado de semanas de mentiras, de traiciones y de un orgullo idiot