49. Narra Anastasia
El campus universitario bullía con esa energía vibrante que solo las mañanas de entrenamientos intensos podían provocar. El aire fresco de la primavera neoyorquina se colaba a través de los ventanales de cristal templado de la oficina de gerencia y operaciones deportivas, trayendo consigo el eco lejano de los silbatos, los gritos motivacionales del entrenador principal y el golpe rítmico de los balones contra el césped sintético.
Me acomodé en mi silla ergonómica, ajustando las mangas de mi sué