38. Narra Anastasia
El domingo por la mañana Manhattan se despertaba con una parsimonia que envidiaba. Tras la ligereza y las risas de la noche anterior con Jord, la cruda realidad del domingo se reinstaló en mi pecho con el primer rayo de sol. Había apagado el teléfono después de rechazar a Maverick, un acto de audacia que todavía me hacía latir el pulso con fuerza, pero sabía que el lunes por la mañana el cobrador de las facturas emocionales me estaría esperando en el piso ejecutivo.
Para intentar despejar la ni