39. Narra Maverick
El lunes por la mañana llegó cargado de una presión asfixiante que no logré disipar ni con tres tazas de café negro antes de cruzar la puerta de mi despacho en MAVE. La negativa seca y tajante que Anastasia me había enviado la noche del sábado "No puedo. Estoy ocupada esta noche" seguía zumbando en mis sienes como una alarma persistente. Maverick Kleinman no estaba acostumbrado a recibir negativas, y menos aún de una mujer que se suponía formaba parte de mi órbita exclusiva.
Me pasé las manos p