31. Narra Anastasia
El rugido del motor del deportivo había dejado una estela de tensión suspendida en el aire justo frente al rascacielos de MAVE, pero la realidad corporativa no tardaba en cobrar factura. Apenas subí a la torre y me instalé en mi escritorio, con el reflejo de las llaves metálicas aún brillando sobre la madera pulida, supe que el descanso duraría poco. El lujo y la osadía tienen un precio, y en un ecosistema tan frágil como el que compartíamos Maverick y yo, cada paso audaz atraía inevitablemente