Carmen, con una mentalidad bastante tradicional, meditó un momento antes de hablar en voz baja: —Ana, ¿por qué no tienes un hijo con Mario? Con un hijo, las cosas no serán tan difíciles para ti.
Ana sabía que Carmen tenía buenas intenciones, preocupándose por si Mario la descuidaba. Hubo un tiempo en que Ana también deseaba tener un hijo con Mario, pero desde que volvió con él, ese deseo había desaparecido.
Con una sonrisa, Ana le respondió: —Tal vez considere esa opción en un par de años.
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