Llegaron a un semáforo en rojo.
Luis detuvo el coche y, con un tono neutral, le respondió: —Si me caso, mi esposa también se ocupará de ella... ¿Qué pasa, temes que mi esposa la maltrate?
Después de decir eso, se giró para mirarla.
Dulcinea no respondió.
Apoyó la cabeza en el respaldo del asiento, con algunos mechones de su cabello cayendo sobre el brazo de Luis... Aunque había tela de por medio, él aún sentía esa sensación punzante, como un picor que se metía en lo más profundo.
Luis no pudo ev