No podía dejar de besarla.
El sonido suave de la cafetera llenó el aire...
Luis, recostado contra la pared, se veía relajado, con su chaqueta de traje colgada en la silla, mostrando el chaleco que acentuaba su cuerpo atlético: hombros anchos, cintura estrecha... como diría Clara, un imán para las miradas.
Mientras jugaba con una taza en la mano, dijo con desdén: —Deberías ayudarla con la tarea.
Alegría hizo un puchero, claramente descontenta.
Dulcinea, llena de ternura, le preguntó:
—¿No te gust