Media hora después, el auto entró en la propiedad.
Era la casa donde habían vivido juntos, y al cruzar nuevamente esas puertas, Dulcinea se sintió invadida por una avalancha de emociones.
Apenas se abrió la puerta trasera, una pequeña figura corrió hacia ellos.
—¡Papá!
Alegría se aferró a la pierna de Luis, buscando su cariño.
Con una sola mano, Luis la levantó y la sentó sobre sus piernas dentro del coche...
El chofer, con discreción, salió del vehículo.
Dentro del auto, la luz era tenue. Alegr