—¿Dictatorial? —Marlon se sentó bajo la lámpara, su expresión era amarga y oscura.
Se levantó y salió del estudio.
Momentos después, la voz grave de Marlon resonó en la habitación:
—Gael, ¿dices que soy dictatorial? Ven conmigo y mira cómo tu preciado hijo ha perdido la cabeza. Escucha lo que ha dicho, palabras que desafían toda lógica.
El corazón de Gael se llenó de preocupación.
Recordó a su esposa llorando todos los días, a los médicos entrando y saliendo de la casa, no solo nutricionistas si