Dulcinea había dejado Ciudad B y se había ido al extranjero, algo que Luis desconocía.
Todos los días, iba a la misma trattoria italiana donde solían encontrarse, pasaba un par de horas observando el atardecer, viendo cómo el crepúsculo envolvía el paisaje hasta que la última luz del día se extinguía.
La esperaba cada día.
Pero Dulcinea ya estaba en otro país, y él no tenía forma de saberlo.
Con el tiempo, empezó a pensar que, después de aquel momento íntimo, ella se había arrepentido. Que no qu