Una estrella fugaz surcaba el cielo.
Bajo la noche, el rostro de Luis mostraba una expresión de confusión.
Alegría, en sus brazos, mordía su brazo a través de la tela de su camisa y, con voz lastimera, decía:
—Papá… tengo hambre.
Luis bajó la mirada y la acarició:
—Papá te llevará a comer algo.
…
Al lado había una cafetería abierta las 24 horas, regentada por un ciudadano de Ciudad BA, con un sabor auténtico y delicioso.
Alegría disfrutó mucho la comida, terminándose un tazón de arroz con leche.