Dulcinea no buscó nuevas relaciones.
Tampoco se reconciliaba con Luis.
Mientras tanto, él seguía cuidando de Alegría y trabajando arduamente.
Aunque su situación no era la mejor, continuaba soportando el dolor de su hígado, tomando analgésicos y rechazando los consejos de los médicos para descansar.
Él siempre respondía:
—No es nada.
Incluso enfermo, seguía trabajando. A menudo recordaba aquella escena en la Casa Astorga, y pensaba en el pasado, cuando podía comprarle a Dulcinea cualquier cosa q