La puerta se abrió ante él.
Luis, con la ropa desarreglada y el rostro lleno de necesidad, la miró intensamente...
Dulcinea retrocedió un paso, queriendo escapar.
Pero Luis fue más rápido. Antes de que ella pudiera reaccionar, ya la había agarrado de la muñeca y la arrastró al interior, empujándola contra la puerta.
Su cuerpo ardía como una plancha caliente, su sudor empapaba el vestido de Dulcinea, haciéndola sentir incómoda. No se atrevía a moverse. Sabía que él había tomado algo indebido, así