Dulcinea no quería hablar con él, pero sabía que sin una explicación, no la dejaría en paz.
Con una expresión tranquila, respondió:
—La señora Astorga compró más cuadros. Es normal que la atienda, Luis... ¿O crees que necesito tu aprobación para esto?
Luis no insistió más en el tema. Cambió de tema y dijo que quería ver a su hijo. Dulcinea no se opuso:
—Leonardo acaba de recuperarse. No lo hagas jugar demasiado para que no sude y se resfríe de nuevo.
Luis asintió.
Salieron juntos de la cafetería