Dulcinea intentó escapar, usando manos y pies para moverse, pero Luis la atrapó fácilmente por una pierna y la arrastró de nuevo. Con rapidez, utilizó su corbata para atar sus muñecas, colocándola en una posición humillante.
Ella lloraba suavemente, temblando con cada sollozo.
Luis, de pie junto a la cama, la observaba con frialdad mientras desabrochaba los botones de su camisa.
Su piel blanca y suave contrastaba con su cuerpo musculoso, creando una escena de gran impacto visual.
Luis la acercó,