Dulcinea permaneció en silencio.
Con un sentimiento de culpa, Luis cerró la puerta tras él y se acercó con tono amable:
—¿Estás despierta?
Dulcinea lo miraba fijamente.
Finalmente, ella habló con un tono tranquilo:
—Igual que tú, no he dormido.
Ya no tenía sentido fingir.
Luis se sentó en el sofá y sacó una caja de joyas de alta gama, extendiéndosela a Dulcinea:
—Ven y mira si te gusta. Si no, podemos ir juntos a elegir otra.
Ella permaneció en el umbral de la ventana, con una expresión de burla