Luis, recostado en el sofá, fumaba distraídamente.
Frunció el ceño…
No amaba a Sylvia; iba a su apartamento solo porque necesitaba consuelo emocional, no tenía nada que ver con amor.
Sin incomodarla, tomó su chaqueta y dijo:
—Me voy.
—Está lloviendo mucho afuera.
Sylvia se incorporó y, con una voz suave, le pidió:
—Quédate un rato más. Espera a que la lluvia pare.
Como si fuera a propósito, el trueno resonó nuevamente.
Luis volvió a sentarse y continuó viendo las noticias.
Sylvia comenzó a provo