La frustración acumulada durante tantos días se disipaba.
Mientras la acariciaba, se inclinó para intentar besarla.
Dulcinea no opuso demasiada resistencia.
Incluso permitió que él sujetara sus brazos y los presionara contra la almohada, dejándole desahogar sus necesidades… De vez en cuando, cuando él era demasiado rudo, ella dejaba escapar gemidos de dolor, su rostro delicado cubierto de un rubor y sudor sobre la almohada blanca…
Luis estaba encantado con esa imagen.
No dejaba de hacerle el amo