De repente, recordó su primer beso, lo nerviosa e ingenua que había sido Dulcinea.
En ese entonces, la mirada de ella hacia él estaba llena de amor profundo.
Pero ahora, sus ojos solo mostraban frialdad.
Dulcinea habló suavemente:
—¿Por qué no me golpeas? ¿Por qué no defiendes a tu querida?
Luis recuperó la calma.
Estaba a punto de responder cuando Dulcinea levantó de nuevo el jarrón y lo lanzó con fuerza hacia su cabeza. No se contuvo en lo más mínimo, estaba decidida a matarlo. Pensaba que si