Dulcinea se inclinó para recoger las pequeñas pastillas una a una.
—Dolor de estómago, últimamente no me he sentido bien —dijo suavemente.
La explicación era muy razonable.
Clara quedó convencida, y ayudó a Dulcinea a recoger las pastillas, mientras le aconsejaba:
—Señora, ahora que ha vuelto a Ciudad B, por fin puede tener una vida tranquila. Aunque sea solo por el señorito Leonardo, debe cuidarse mucho.
Clara sabía que Dulcinea tenía algo que no podía decir.
En voz baja, agregó:
—El señor tien