Dulcinea agradeció en voz baja.
Se levantó y salió lentamente del consultorio, el pasillo parecía interminable, largo y frío…
Caminó tanto que parecía no llegar nunca al final.
Miró la tarjeta apretada en su mano.
Agradecía al médico, pero no quería tratarse.
Su hermano estaba en la cárcel, y ella sabía que Luis nunca dejaría de lado su odio, no los perdonaría ni a ella ni a su hermano.
Solo uno de los dos podía vivir.
Si ella moría…
Quizás el odio de Luis se desvanecería.
Dejó la tarjeta en el