En el lavabo blanco, una gota de sangre se diluía en el agua…
Dulcinea miraba sin expresión.
Pensó que probablemente estaba enferma.
A la mañana siguiente, Catalina llegó temprano para llevar a Luis a firmar un contrato.
Luis se ajustó la corbata y se sentó a la mesa a desayunar con su habitual elegancia.
Catalina lo esperaba sentada en el sofá.
Miró hacia el dormitorio y no escuchó ningún ruido, suponiendo que Dulcinea aún dormía. En voz baja, le preguntó a Luis:
—¿Cómo vamos a manejar lo de Ha