El papel afilado cortó su delicada piel, y gotas de sangre roja cayeron.
Luis no se inmutó.
Incluso había una sonrisa fría en sus labios:
—Rásgalo, de todas formas es solo una copia.
Los ojos de Dulcinea estaban enrojecidos, mirándolo fijamente.
En ese momento, Luis se sintió aliviado. Pensó que finalmente habían dejado de fingir. Ya no tenía que actuar con ternura, y ella no tenía que ser sumisa.
La verdad siempre había sido cruel.
Entre ellos, desde el principio hasta el final, no había espaci