Ana asintió:
—Gracias por contarme esto.
Justo después de que Ana terminó de hablar, Luis la miró. Los hermanos se miraron fijamente, con miradas cargadas de significado.
Después de un momento, Luis se levantó y caminó hacia donde estaba Ana.
Sara, que era muy discreta y entendía la situación, encontró una excusa para dejarles espacio a los hermanos.
Cuando Sara se fue, Ana forzó una sonrisa:
—¡Hermano!
Luis se sentó en el sofá frente a ella, miró brevemente a la señorita Cordero y luego volvió