Ana estaba a punto de rechazar la oferta cuando sintió que alguien tomaba su cintura.
Levantó la vista y se encontró con los ojos profundos de Mario, que además de profundidad mostraban un deseo posesivo.
Se miraron fijamente hasta que ambos perdieron el aliento.
Como adultos que eran, ¿cómo no iban a sentir el ambiente cálido entre ellos?
Ana no rechazó más y con una voz suave, le dio las gracias a Mario.
La mirada de Mario se intensificó, y con una voz ronca, dijo:
—Somos esposos, ¿necesitas a