Luis siempre lo lamentó.
Desde niños, él siempre había cuidado de Ana, pero aquella vez terminaron enfrentados.
Sosteniéndola, dijo casi dolorido:
—¡Qué bueno que estés de vuelta!
Ana no lo recordaba, pero el abrazo de su hermano le partió el corazón de dolor y con voz entrecortada respondió:
—¡Hermano!
Luis acarició su cabeza.
Habían crecido y hacía mucho que no tenían un momento tan cercano, pero la emoción de recuperar lo perdido hizo que Luis se comportara como cuando eran niños, sin querer