Capítulo 540
Mario mantuvo la compostura:

—¿Entonces cuánto, dos mil, o doscientos mil?

Ana lo abofeteó con enojo.

Después de golpearlo, se arrepintió; no podía permitirse enemistarse con un hombre así, ¿qué pasaría si él se vengara?

En realidad, su golpe no fue muy fuerte, y Mario apenas lo notó.

Él acarició su rostro con la mano, mirándola profundamente:

—¿Entonces, dos mil por un beso? ¿Qué dices?

¿Qué…?

Ana no entendía lo que él quería decir.

Mario retrocedió un paso, apoyándose en la pared, sacó un ciga
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