Pero tenía que abordarlo sobre un asunto importante. Reunió coraje y se acercó.
Solo al estar frente a él se percató de su imponente estatura, casi alcanzaba sus hombros, y para hablarle incluso tenía que inclinar un poco la cabeza hacia atrás. Vaciló antes de preguntar:
—¿Has puesto dinero en mi cartera?
Mario no lo negó:
—Sí. Considera que es una compensación por lo sucedido.
Ana respondió en voz baja:
—Señor, usted no me ha causado ningún daño. No puedo aceptar ese dinero. Voy a buscarlo y de