Ana mantuvo en secreto el incidente con la tía Carmen. Su padre, creyendo que Carmen había salido por un par de días, sugirió a Ana que volviera a casa.
—Deberías irte a casa, Ana. Aquí hay enfermeras para cuidar —dijo su padre.
Ana, sin embargo, negó con la cabeza.
Pero Ana se negó.
—No quiero irme. Prefiero quedarme aquí —respondió.
Bajo la tranquilidad de la noche, su padre, cansado por la enfermedad, finalmente se quedó dormido.
Ana, sentada sola en una sencilla silla, reflexionaba en silen