Cuando hablaba con Salvador, se sentía algo incómoda, tratando de ignorar la presencia de Mario, pero él estaba ahí, cerca… tan cerca que Ana podía percibir el aroma de su colonia masculina.
Salvador seguía divirtiéndose, tratando a Mario con familiaridad, como si fuera el esposo de Ana. Mario, sin embargo, no ocultaba su presencia. Después de que un camarero le sirvió champán a Ana, él dijo naturalmente:
—Cámbienlo por jugo.
Este gesto, aunque parecía ordinario, estaba lleno de posesividad. Tod